¡Allá vamos!

Ventanas rotas y la guerra del centavo

Publicado: 2010-11-20

- ¿Cómo resolver pequeños problemas evitan grandes catástrofes?Imagen extraída de aquí1.La teoría de las ventanas rotas es una estrategia para prevenir el crimen en las ciudades. Dice Wikipedia: "Consideren un edificio con una ventana rota. Si la ventana no se repara, los vándalos tenderán a romper unas cuantas ventanas más. Finalmente, quizás hasta irrumpan en el edificio, y si está abandonado, es posible que sea ocupado por ellos o que prendan fuegos adentro. O consideren una acera o banqueta. Se acumula algo de basura. Pronto, más basura se va acumulando. Eventualmente, la gente comienza a dejar bolsas de basura de restaurantes de comida rápida o a asaltar coches”. Entonces, la idea es arreglar los problemas cuando son pequeños, antes de que empeoren. Algo así como coser el huequito en la rodilla de tu pantalón, antes de que se agrande y termines con la pierna al aire en plena calle.Todos los días nos suceden cosas, en las que quizás aplicando lo postulado por esta teoría de prevención del delito, podríamos mejorar la calidad de vida de nuestra ciudad.2.Chack, chack, suenan fuerte los golpes secos de la mano del cobrador sobre la puerta del micro que me lleva de Tiabaya hacia la Av. Independencia. “Vamos pues, que ya no llegamos”, le grita el cobrador al chofer del carro para que acelere. Así se la han pasado los últimos 20 minutos de viaje: entre correteos con otros carros por ganar pasajeros y gritos para que la gente suba a la volada y baje, peligrosamente, dónde sea.Han ido tan rápido en ciertos momentos del trayecto, que los pasajeros que iban parados han tambaleado como si fueran muñequitos de taca taca. En las rectas el chofer debe haber pisado el acelerador hasta llegar a los 70 kmph, acción peligrosísima tomando en cuenta el tamaño de la unidad (una coaster), la cantidad de pasajeros (alrededor de 25) y el escenario de las piruetas (las concurridas Av. Alfonso Ugarte, Parra, Salaverry). Yo no tengo más que aferrarme a mi asiento con la esperanza de no ser portada del diario Correo mañana: “Choque de micro deja XX muertos”.Ruuuun, ruunnnnnn, runnnn. “Sube, sube”, dice el chico cobrador con esa voz entre faite de barrio y vendedor de frutas de mercado tan característica que tiene. Ahora que entramos a la Avenida Goyeneche traquetean los fierros del micro, a la vez que este dúo dinámico de transportistas urbanos se pelea con un carro de su misma empresa para conseguir más pasajeros. No importándole poner en riesgo a quiénes les está brindando el servicio. Tampoco a nosotros los pasajeros parece importarnos, ya que nadie se queja de su manera de conducir.Y es que ellos no ganan un sueldo fijo, los transportistas en nuestra ciudad cobran por “vuelta”, es decir por cada trayecto de ida y vuelta que se haga. Por ejemplo en una ruta parecida en distancia a la de Tiabaya, como la de Cayma Buenos Aires – Seguro Social que dura una hora y media: 45 de ida, 45 de vuelta, suelen ganar por vuelta: 3 soles los choferes y 1,50 ó 2 soles los cobradores. Suelen dar un promedio al día de 9 vueltas. Si sacamos cálculos, el chico que está haciendo bajar a los pasajeros cuando el carro está aún en movimiento (“Pie derecho, pie derecho”, dice cachosamente ) trabaja como mínimo 13 horas y media para sacar 18 soles al día. Una mierda. Y esto sucede en casi todas las empresas de transporte de la ciudad. El pequeño problema no resuelto de este pobre cobrador, puede ocasionar que un día de estos, dos unidades de los micros de Tiabaya terminen colisionando, dejando más de 40 muertos.3.La socióloga limeña Claudia Bielich da una explicación sobre la conducta poco profesional de los transportistas: “Esto cambiaría si pudieran tener algún derecho como trabajadores. Mientras no tengan beneficios ellos seguirán evitando a policías e inspectores municipales y buscando aglomeraciones de gente. Y pasarán por encima de los carros particulares porque no les importa dónde empiezan los derechos del otro siempre y cuando ellos tengan un ingreso diario”.Bielich es autora del libro “La guerra del centavo”, en el que explica que la informalidad en que funcionan las empresas es una de las razones del mal trato que dan a los pasajeros. Si ganaras simples propinas, trabajaras sobretiempo, no durmieras bien, y además no recibieras seguro de salud, jubilación, vacaciones ni descanso semanal: ¿atenderías a tus clientes con una sonrisa de oreja a oreja y siempre de la mejor manera? Por otro lado, nosotros observamos estos maltratos de parte de los combistas y arrugamos. No somos capaces de hacerles el pare e instarles de que cumplan las normas de seguridad. De decirles: ¡Oe, respétame, no soy una trozo de carne para que me lleves así! Parchar el pequeño hueco del pantalón, antes de que se vuelva en un agujero enorme e irreparable. Pero no lo hacemos.Volvamos a la teoría de las ventanas rotas. Explica el economista Antonio Argandoña en El País: “El mensaje es claro: una vez que se empiezan a desobedecer las normas que mantienen el orden en una comunidad, tanto el orden como la comunidad empiezan a deteriorarse, a menudo a una velocidad sorprendente. Las conductas incivilizadas se contagian”. Ese día, durante mi viaje en micro a toda velocidad, un par de adolescentes que viajaban paradas, recostadas al lado de la puerta de ingreso, le celebraban todas sus gracias al cobrador. Cada vez que dejaba a alguien en plena pista ( “Baje despacio señora, pie derecho”), ellas lanzaban una carcajada que seguramente le hinchaba el pecho de orgullo al chico. Mientras, yo seguía sentadote en mi asiento, haciendo la finta de que leía. Cada nueva página que pasaba, era como lanzarle una piedra a una casa abandonada, con cada vez más ventanas rotas.Aquí un extracto del capítulo de la serie The Good Guys que inspiró este post:*Hace varios meses escribí una crónica en la que explico el problema del transporte público en la ciudad de Arequipa, desde el ángulo del deficiente servicio que se nos brinda. Pueden leerla aquí----------------------------------*Lea "No es portada" todos los sábados acá, en Las Cosas Pasan


Escrito por


Publicado en

Las Cosas Pasan.

Blog de difusión, opinión y lo que te dé la gana